Fuente: El Periódico Guatemala

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó elevar las tasas del Impuesto sobre la Renta de las personas físicas y de las empresas, así como aumentar los impuestos indirectos, concretamente el Impuesto al Valor Agregado (IVA), y la eliminación de ciertas exenciones.

Mientras que en los EE. UU. la economía se expande con la rebaja significativa de impuestos, para Guatemala la receta del FMI sigue siendo la misma: Aumentar los impuestos.

La economía guatemalteca está deprimida debido, en gran medida, al “Paquetazo Tributario 2012”, basado en impuestos antitécnicos, antijurídicos y antieconómicos, así como a la falta de certeza jurídica causada por muchas de las reformas legales que se han venido emitiendo desde el año 2012, calcadas en las recomendaciones del FMI, del Banco Mundial, de la CEPAL, etcétera, y alentada por decisiones judiciales antojadizas, arbitrarias y extralegales.

En 2008, la recomendación del FMI y de las demás entidades afines fue la contratación de un endeudamiento público acelerado. Se duplicó la deuda pública y el resultado fue que más recursos del presupuesto estatal se destinan anualmente a pagar la duplicación del servicio de la deuda pública (intereses, recargos y demás), sin perjuicio de las imperativas amortizaciones. Por supuesto, la mala calidad del gasto público se devoró los préstamos y el resultado fue nada de nada para la población.

La economía guatemalteca está atravesando por un bache que no se ofrece pasajero, sino que se ahonda cada vez más. La desinversión, una débil formación de capital y la mala racha de los negocios están redundando no solo en una mediocre recaudación tributaria, sino que también en la pérdida de empleos y en la dificultad progresiva de contratación de mano de obra incremental que anualmente se incorpora a la economía. De ahí que no sorprende que cada día más gente se arriesgue a emigrar por más difíciles que se pongan los accesos al mercado laboral estadounidense.

La espiral de violencia tampoco es cosa menuda. Las pandillas juveniles son una respuesta a la falta de oportunidades y condiciones de desarrollo personal, así como de exclusión y marginación. Por otro lado, la economía brutal o subterránea (narcotráfico, contrabando, tráfico de armas, lavado de dinero sucio, trata de personas, robo de vehículos, secuestro, corrupción estatal, etcétera) no solo distorsiona la economía nacional, sino que alimenta y exacerba la violencia.

Irónicamente, las remesas familiares provenientes de emigrantes son los únicos flujos que alimentan la economía, y que se convierten en el único factor dinámico de la economía a través del consumo, aunque no fortalecen la plataforma productiva de la economía real. Las divisas vienen y se van sin generar inversiones productivas ni innovaciones tecnológicas. Las exportaciones están deprimidas, así como la inversión privada y pública, esta última debido a una recaudación tributaria en declive debido a la misma desaceleración económica.

Una cuestión a la que el FMI omite referirse es la oscura participación del Banco Mundial, a través de la Corporación Financiera Internacional, en el multimillonario negocio de la Terminal de Contenedores TCQ (2012), contaminado por la corrupción. Sería interesante que se pronunciara al respecto.

En conclusión, la cantaleta del FMI en cuanto a que se aumenten los impuestos, además de impertinente e inoportuna, no supone una visión integral de los problemas socioeconómicos de Guatemala.