Fuente: El Mundo España

Una vez más, la Unión Europea ha analizado el sempiterno problema de los impuestos que pagan en los países miembros los grandes gigantes tecnológicos estadounidenses.No puede ser, dicen los gobernantes, que apenas tributen por el fabuloso negocio que tienen en Europa. Éste ha sido el tema central de la última reunión del Consejo de ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin), en la que ha salido como propuesta madre la creación de un impuesto a la facturación de esas empresas, que se pagaría en el país en el que generan ese negocio.

La cuestión es la siguiente: Google, Facebook, Amazon o Apple -como otras compañías del mundo físico, no olvidemos- pagan los impuestos del negocio que tienen en Europa en el estado más ventajoso para ello. Es decir, establecen la sede oficial en el país con el impuesto de sociedades más bajo -Irlanda, Malta,...- y a través de filiales trasladan contablemente allí los ingresos generados en otros países. Todo es cuestión de subsidiarias y la actividad que se decida que tengan en cada sitio.

Por ejemplo. Apple opera en España con dos filiales. Una gestiona la red de tiendas y otra administra la venta de todos los productos de la firma en el país. Esta última actúa como comisionista de la filial irlandesa de Apple, que es la que contabiliza allí todas la facturación que hace la empresa en España, de forma que los ingresos de la subsidiaria española son las comisiones que recibe de Irlanda -un 1%, por ejemplo-. De tal forma que el beneficio de Apple en España es prácticamente inexistente porque sus ingresos son bajísimos, a pesar de que la facturación real del grupo es muy importante. Si Apple Irlanda vende a un precio artificialmente alto sus productos a Apple España, el margen que quedará allí, donde el tipo del impuesto sobre beneficios es del 12,5%, frente al 25% de España. Todo ello sin tener en cuenta otro tipo de ingeniería tributaria -mucho más dudosa- que puede terminar en algún paraíso fiscal. Pero eso es cuestión de otro comentario.

Bien. La preocupación de los dirigentes de la UE es evitar esa fuga de recaudación, que hace perder a los Estados. Y lo que se ocurre es… crear otro impuesto. Esta vez no sobre los beneficios, sino sobre la facturación -los ingresos por la venta de productos y servicios- generada en cada país. No está claro que esta nueva figura vaya a salir adelante porque cualquier norma sobre fiscalidad necesita la unanimidad de los 28 y, lógicamente, los países que se benefician del régimen actual -Irlanda, Malta y Chipre- no están por la labor de perder esa ventaja competitiva. Ventaja que, como vemos perjudica al resto de los países, pero que está perfectamente regulada en la legislación europea.

Pero, ya que se necesita la unanimidad, ¿no sería más fácil para terminar con esos atajos tributarios que usan las multinacionales -y no sólo las tecnológicas- impulsar de una vez una armonización fiscal real en la UE? Lo que es seguro es que si Irlanda, España, Malta o los Países Bajos tuvieran los mismos tipos en el Impuesto de Sociedades, a las compañías no les interesaría desarrollar esas estructuras societarias cuyo objetivo es pagar lo mínimo a la Hacienda que menos le cobre.

Pero, claro, los gobiernos que hacen dumping fiscal se oponen abiertamente y la solución chapucera es obligar a las empresas a pagar un nuevo impuesto. Lo que está claro es que los grandes de internet no tienen la culpa de que las leyes de la UE les permitan jugar de esa forma para pagar menos al fisco. Como hace cualquier contribuyente que se precie. ¿O pierde usted la más mínima desgravación que le corresponda en su declaración de la renta?