Fuente: El País

La elusión fiscal de las grandes multinacionales resta cada año miles de millones a las arcas públicas de los Estados. Mientras el acuerdo para limitar este fenómeno parece estar más cerca en el seno de la OCDE, un estudio publicado este martes analiza el impacto que un impuesto mínimo de sociedades tendría en la recaudación. Si se acordara internacionalmente un suelo del 15% ―el porcentaje en torno al cual parece más probable alcanzar un consenso―, la UE ingresaría 48.000 millones adicionales en 2021; si este fuera del 25%, el bloque comunitario contaría con 170.000 millones extra, una cifra que representa un 52% de lo que ingresa actualmente por el impuesto de sociedades. España, por su parte, elevaría sus ingresos en 1.000 millones en el primer caso, y en hasta 12.400 millones en el segundo. Esta última cifra supone el 44% de lo que ingresa hoy en día por el impuesto de sociedades.

Estas son algunas de las conclusiones del primer informe del European Tax Observatory, un organismo adscrito a la Paris School of Economics y financiado con fondos comunitarios que ha sido inaugurado este martes. La entidad, dirigida por el economista Gabriel Zucman, publicará cinco análisis sobre fiscalidad europea de aquí a 2022, cada uno de ellos acompañados por propuestas concretas dirigidas a las autoridades comunitarias. El comisario de Economía, Paolo Gentiloni, dio la bienvenida al observatorio al recordar que justo ahora, que Europa está centrada “en la recuperación tras la pandemia” y “en las inversiones masivas necesarias para lograr las transiciones verde y digital, cada céntimo que ingresa el erario público cuenta”.

El primero de estos trabajos, titulado Recaudación del déficit fiscal de las multinacionales: simulaciones para la Unión Europea y elaborado por Mona Barake, Theresa Neef, Paul-Emmanuel Chouc y Gabriel Zucman, concluye que un tipo mínimo de sociedades del 15% a nivel global es poco ambicioso. Pero añade que nada impide a cada país ―o grupo de países, por ejemplo el bloque comunitario― apostar más fuerte. Es más: considera que decisiones unilaterales podrían convencer a otros países para tomar el mismo camino.

El documento se publica justo cuando los Estados Unidos de Joe Biden se han mostrado favorables a elevar la imposición fiscal a las multinacionales, que a lo largo de las últimas décadas han rebajado su tributación desviando beneficios a paraísos y semiparaísos fiscales gracias a artimañas cada vez más sofisticadas. Este giro de 360 grados con respecto a la administración de Donald Trump ha reactivado las conversaciones en el seno de la OCDE, encargada de buscar un consenso entre más de 130 países para modificar las reglas internacionales y frenar la carrera a la baja en el impuesto de sociedades. El organismo espera conseguir un acuerdo este año sobre un tipo mínimo y una fórmula para que las grandes corporaciones tributen donde generan sus beneficios, aunque no tengan presencia física en el territorio.
Tres escenarios

EE UU planteó a inicios de abril un suelo del 21%, pero hace dos semanas lo rebajó al 15% al formalizar su propuesta ante la OCDE. El estudio publicado este martes simula el impacto recaudatorio de un tipo mínimo de sociedades en tres distintos escenarios ―un acuerdo entre la UE y EE UU, un umbral mínimo solo para el bloque comunitario y decisiones unilaterales de cada país―, centrándose en el tax deficit (déficit fiscal) de las multinacionales. Este concepto se refiere a la diferencia entre lo que los grandes grupos tributan en cada país y lo que deberían pagar en impuestos si se fijara un gravamen mínimo sobre sus beneficios.

En el primer escenario, cada país europeo ingresaría el déficit fiscal de sus propias multinacionales sobre una base país por país. Por ejemplo, si una corporación española pagara un tipo efectivo del 10% sobre sus beneficios en Singapur y el umbral acordado fuera del 25%, España podría ingresar el 15% de diferencia para garantizar la aplicación del tipo mínimo. Con un suelo del 25%, que es el que los autores consideran más adecuado, la UE alcanzaría unos ingresos de 510.000 millones en 2021 frente a los 340.000 previstos para este ejercicio. España lograría 12.400 millones adicionales al año, 29.000 millones Alemania y 26.000 Francia. En EE UU, el incremento sería de más de 165.000 millones, equivalentes al 44% de lo que recauda ahora en impuesto de sociedades. Si el umbral fuera del 15%, la UE solo aumentaría sus ingresos en 50.000 millones. Con un 21%, obtendría 100.000 millones adicionales.

El segundo escenario contempla un acuerdo a nivel europeo, en el que los Estados recaudarían el déficit de sus multinacionales y parte del de las corporaciones extranjeras en función del nivel de ventas en cada país. Con un tipo mínimo del 25%, la recaudación adicional en la UE crecería en 200.000 millones: 170.000 millones procedentes de sus propias corporaciones, equivalente al 12% del gasto sanitario del bloque, y 30.000 millones de los grupos extracomunitarios. “La UE, por tanto, tiene un potencial mayor de recaudación aumentando los impuestos a sus empresas que gravando las extracomunitarias”, señala el estudio.

La tercera hipótesis se centra en cuánto podría recaudar cada país si fijara unilateralmente un tipo mínimo. El primer país europeo que estableciera un suelo del 25% lograría elevar la recaudación en el entorno de un 70%. España arañaría hasta 16.700 millones adicionales, 12.400 de ellos de sus propias corporaciones, 700.000 euros de las estadounidenses y 3.600 millones de otras multinacionales extranjeras.

“Si no se lograra un acuerdo internacional sobre un tipo mínimo ambicioso, es posible que un solo país (o un grupo de países) decidiera adoptar unilateralmente un impuesto mínimo de sociedades elevado”, señala el estudio. Esta decisión, añade, “podría tener un papel transformador” e incentivar a otros países europeos a seguir el mismo camino, allanando un acuerdo sobre un tipo mínimo alto primero en la UE y luego a nivel mundial. “Contrariamente a la opinión general, un impuesto mínimo efectivo no requiere un pacto global. Hay países que tienen interés en aplicar tipos bajos y se niegan a un acuerdo internacional. Pero esto no es un obstáculo para que otros países, de manera unilateral, aumenten la imposición fiscal efectiva sobre los beneficios corporativos”. Y concluye: “La espiral de la competición fiscal internacional puede ser frenada aunque los paraísos fiscales no aumenten sus impuestos, y la UE puede ser el líder mundial de este proceso”.