Fuente: CR Hoy

Entre 1994 y 1995 y como uno de los componentes que conformaron el entonces controvertido “pacto Figueres-Calderón”, Costa Rica enfrentó una de las principales reformas tributarias de la historia reciente (a excepción de la de 2018).

Uno de los acuerdos fue aumentar el impuesto de ventas de un 10% a un 15%, aunque cerca de año y medio después cerró finalmente en un 13%. Ese cambio le generó al país un aumento del 65% en la recaudación de ese impuesto para 1996, al pasar de los ₡79 mil millones a los ₡131 mil millones. También en ese periodo se le impuso un nuevo impuesto al capital.

Por algunos años el país vivió de esa bonanza tributaria con incrementos en la recaudación que cada año superaban el 18%. Pero nunca, en esos primeros años, Costa Rica logró alcanzar superávit fiscal.

La historia se repitió hacia finales de la administración Rodríguez Echeverría, cuando fue necesario pensar en una nueva reforma fiscal que finalmente nunca se logró. En cambio, sí se aprobó la creación de impuesto único de los combustibles que para 2002 ya lograba recaudar ₡115 mil millones, según cifras del Ministerio de Hacienda.

El nuevo impuesto dio -nuevamente- un respiro al país, pero no logró lo importante: estabilizar la situación fiscal.

Un análisis elaborado por CRHoy a partir de los datos de recaudación del Ministerio de Hacienda a partir de 1994, el déficit fiscal histórico y los estudios “Reformas Fiscales Recientes, caso de Costa Rica” y “Las Reformas Fiscales de Costa Rica 1990-2014”, demuestran que ninguno de los ajustes en materia tributaria realizados desde la administración Figueres en adelante logró traer un equilibrio fiscal duradero en el país.

Por el contrario, las cifras del déficit se han mantenido constantes y a excepción del periodo 2007-2008 en el que sí hubo superávit, en todo el periodo estudiado las finanzas del país han terminado en números rojos.

A partir de la segunda década del milenio, las cifras de aumento anual en la recaudación se volvieron más modestas que al inicio, con incrementos del 11% hacia abajo, lo que llevó en el periodo a algunos ajustes tributarios menores y a la aprobación en 2018 de la Ley de Fortalecimiento Fiscal.

¿Qué hace que ninguna de las reformas o aumentos en los impuestos hayan surtido efecto? El común denominador es la ausencia de un verdadero ajuste estructural del Estado.

Lejos de reducir el aparato estatal y el gasto público, los gobiernos más bien aprovecharon la nueva holgura para crecer, no solo en cantidad de instituciones, sino también en planillas y gasto.

Durante la mayor parte del periodo analizado, la partida de sueldos y salarios, que incluye pluses y anualidades, mostró crecimientos positivos de al menos dos dígitos (es decir, de más de un 10%) yendo incluso más allá de las cifras de inflación anuales.

El rubro del gasto corriente, que incorpora como unos de sus componentes los salarios, mostró un crecimiento muy similar.

No es sino hasta los años más recientes cuando los crecimientos de un año en relación al anterior se volvieron más bajos dada la poca holgura fiscal de la actualidad. Aún así se han seguido manteniendo por encima de la inflación, la cual desde 2014 no supera el 3%.

“Estamos nuevamente al borde del precipicio y esto requiere sacrificio de todos, pero estos sacrificios deben diseñarse inteligentemente para no estar en la misma situación dentro de tres o cuatro años. Se puede demostrar que cuando ha habido un incremento en los ingresos lo han despilfarrado, por ejemplo en el caso de Figures que hubo una reforma fiscal y el IVA pasó temporalmente al 15%, se pagó un impuesto al capital y nuevamente caímos en lo mismo, se pagó un nuevo impuesto al combustible y al cabo de dos años estábamos con al misma situación fiscal… si vamos solo a aumentar impuestos vamos a terminar en lo mismo en pocos años”, cuestionó el economista Eli Feinzaig.

La discusión de nuevos impuestos es algo que muchos ven como un hecho de cara a la negociación de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El ministro de Hacienda Elian Villegas confesó que esa discusión tratará de impuestos “progresivos”, pero el reclamo de distintos sectores es que la receta no sea únicamente tributaria, pues se caería en el mismo problema.

Rodrigo Chaves, exministro de Hacienda, habló de un acuerdo que debe incluir varios componentes que no podrán funcionar si no están todos en su conjunto: impuestos, recorte en gastos y eventual venta de activos, así como lucha contra la evasión y elusión.

“El FMI es como una agencia de contadores públicos que prestan plata… lo que va a suceder, creo, es que nos van a pegar un garrotazo y en tres, cuatro o siete años, vamos a estar en la misma situación, porque cada vez que aumentamos gastos sin reestructurar, se dispara el gasto público, y entonces de nada sirvieron los impuestos”, puntualizó Feinzaig.