Fuente: CR Hoy

El Partido Acción Ciudadana (PAC) vuelve a poner sobre la mesa la propuesta de cobrar renta mundial en Costa Rica. Su diputado Welmer Ramos, tiene listo el proyecto de Ley para Inclusión d Renta Mundial en el Sistema Tributario Costarricense.

El objetivo de la iniciativa es reformar tres artículos de la Ley sobre Impuesto sobre la Renta que, en resumen, tiene la intención de obligar a los ciudadanos costarricenses y residentes a pagar ese impuesto por sus ganancias, sin importar en qué parte del mundo se hayan generado.

Actualmente, el Ministerio de Hacienda cobra el impuesto de renta según el esquema territorial, es decir, que aplica la tasa del tributo sobre los bienes ubicados, los servicios prestados, o los capitales invertidos dentro de la jurisdicción costarricense.

Varios expertos consultados por CRHoy.com ven una serie de riesgos para el país en la propuesta de ley que ya circula en el Parlamento.

Lo primero que señalan es que es innecesario pasar de un esquema de renta territorial a renta mundial, pues Costa Rica no es un “exportador” de capitales al exterior, sino que, al contrario, compite a nivel global por atraer inversiones a su territorio.

Felipe Guevara, abogado tributario de la firma Consortium Legal, explicó que el concepto de renta mundial nació en los países desarrollados cuando sus empresas más grandes y poderosas empezaron a “fugarse” para instalar sus operaciones fuera de sus fronteras dando paso al fenómeno de erosión de la base imponible, lo cual llevó a esas naciones a obligar a las empresas a pagar impuestos sobre las rentas que se generaban fuera de sus fronteras y así impedir que las firmas manipularan los montos sobre los que debían tributar.

Priscilla Piedra, socia de impuestos de la firma consultora Deloitte, explicó que la situación de Costa Rica es muy distinta, pues es “receptor” de inversión en lugar de exportarla, por lo que históricamente ha optado por cobrar renta sobre lo que se produce en su territorio, pues son pocos los casos de grandes capitales nacionales que estén produciendo ganancias en el exterior.

Piedra dijo que países como Costa Rica además han optado por el esquema de renta territorial para no perder esas fuentes de inversión.

“Lo primero que uno tiene que valorar cuando uno está ante una situación como esta, que es una decisión de política fiscal, es que no puede separarse de la realidad económica del país y del modelo de desarrollo económico que nosotros tenemos. Lo primero que debe plantearse uno es si Costa Rica está generando, en realidad, riqueza que está saliendo de nuestras fronteras. Si hay empresas que están saliendo a producir en el exterior o si las personas están invirtiendo en el exterior”, consideró.

Felipe Guevara concluyó que al ser Costa Rica un país que más bien necesita y busca la atracción de inversionistas y de empresas que generen más empleos,  lo lógico, entonces, sería mantenerse en el criterio de renta territorial.

Doble imposición

En entrevistas separadas, ambos especialistas en tributos contestaron que otro de los riesgos a los que Costa Rica se expondría al eventualmente aplicar la renta mundial sería la doble imposición del impuesto, es decir, que el contribuyente deba pagar dos veces el tributo, tanto en el país donde está su casa matriz o su fuente de ingresos, como en el nuestro, por tener acá una subsidiaria.

Guevara explicó que para minimizar ese riesgo, los Estados firmaron una red de convenios para evitar la doble imposición en materia tributaria. Esos acuerdos consisten en que un país no le cobrará renta a la empresa de la nación con la que firmó el tratado y viceversa.

Una característica de los países que aplican la renta mundial es que han firmado múltiples convenios de ese tipo. En el caso costarricense, solo ha firmado tres acuerdos de ese tipo en los más de 20 años que el mundo tiene en discusión ese tipo de acuerdos. Se trata de pactos para impedir la doble imposición con España, México y Alemania.

Para el abogado, optar por un esquema tributario de renta mundial con apenas tres convenios firmados para evitar la doble imposición es desconocer la realidad de la economía y del sistema tributario costarricense.

Pricilla Piedra comentó al respecto que México tiene más de 20 convenios para evitar la doble imposición y que, en general, los países que tienen renta mundial tienen también muchísimos de esos tratados en vigencia.

“Indudablemente tienen años en esta carrera, y uno debería, al menos, valorar esa situación para verificar, si esa es la decisión de política fiscal que el país va a tomar, lo vayamos a hacer de la manera correcta”, resumió.

Guevara definió la propuesta de Welmer Ramos como desordenada pues consideró que el proyecto desconoce cómo operan los sistemas tributarios que, afirmó, no son adaptables a cualquier país, sino que cada uno responde a sus particularidades.

Administración de la renta mundial

Piedra y Guevara también opinaron que pasar a Costa Rica a un esquema de renta mundial implicaría un reto para la Dirección General de Tributación (DGT) a la hora de administrar el impuesto, por la carencia de recursos de todo tipo que sufre esa dependencia del Ministerio de Hacienda.

La abogada señaló que las autoridades tributarias deberían de embarcarse en la revisión de sus sistemas informáticos para determinar si le van a permitir verificar cómo se están realizando las inversiones fuera del país.

“Yo no voy a decir que sea imposible (aplicar renta mundial en Costa Rica) pero una decisión que no tome basada o adaptada a la realidad de lo que tenemos podría terminar generando que en lugar de ganar una mayor recaudación de impuestos, que es indudablemente lo que se pretende con este proyecto, más bien, perdamos recaudación”, advirtió.

Guevara, por su parte, cree que antes de que el Gobierno realice una inversión importante para administrar la renta global, debería de enfocarse en fortalecer los sistemas para controlar el cobro de impuestos sobre lo que se produce dentro de sus fronteras.

“La renta mundial no tiene nada que ver con la evasión fiscal, como lo dijo don Welmer Ramos. Si Costa Rica no logra controlar ni lo que se produce acá y la administración tributaria no logra verificarlo ¿cómo va a poder verificar un esquema de renta mundial? Eso es no poder cumplir con lo menos y querer cumplir con lo más. Si queremos reducir la evasión deberíamos de plantear un proyecto de ley que fortalezca a la administración tributaria y que le dé más personal. Ahí está el tema”, advirtió.

Espantar la inversión extranjera

Desde que optó por abrir su economía al mundo como modelo de desarrollo económico, Costa Rica echó a andar una agresiva campaña de atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) que le he permitido virar su económica de una agrícola, a una de servicios.

Según el último Estudio Económico Costa Rica 2020 de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el país ha sido exitoso en este ámbito, con indicadores que se acercan mucho a los de los países de la Organización, en su mayoría muy competitivos.

Actualmente, en medio de la crisis sanitaria y económica que ha generado la pandemia del COVID-19, múltiples sectores, en cuenta el mismo gobierno del presidente Carlos Alvarado, cifran esperanzas en que el país siga siendo suficientemente atractivo para la IED, ahora más que nunca, como instrumento para lograr una reactivación de la economía.

Juan Carlos Hidalgo, quien tiene una Maestría en Políticas Públicas y Comercio Internacional y militante del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), dijo que el país se enfrentaría al riesgo de perder ese atractivo para el inversionista extranjero en caso de que se apruebe la renta mundial, pues estos usualmente preferirán llevar sus capitales a naciones que apliquen el esquema de renta territorial.

El experto dijo que, sin duda, Costa Rica ahuyentaría a la inversión y los capitales con un viraje tributario de ese tipo.

“Más bien deberíamos de estar viendo cómo hacemos para traer más capitales al país. Esta es una ocurrencia peligrosa. Costa Rica es un importador de capital, no un exportador. Esto minaría la competitividad y ahuyentaría la inversión a otros países, todo por puro dogmatismo ideológico”, afirmó.

Hidalgo, señaló que el plan de Welmer Ramos va en la ruta opuesta a la que trazó el Gobierno para coquetear con más inversionistas de todo tipo, como pensionados rentistas e inversionistas, una de las aristas del plan de reactivación económica que presentó Casa Presidencial el 8 de mayo pasado.

“La primera pregunta que deberíamos hacernos es cuánto dinero esperaría recaudar el país con este impuesto. Esta es una pregunta que los proponentes deberían de contestar. La respuesta no la podemos dar con certeza, pero sería un monto ínfimo para el efecto que tendría este impuesto en cuanto a la imagen y reputación del país y en la disuasión de capitales para que vengan a Costa Rica”, consideró.

Felipe Guevara coincide con el efecto peligroso que un cambio en el esquema tributario tendría efectos muy peligrosos para la IED.

“Sin duda estaríamos alejando a inversionistas que vienen a tributar a Costa Rica porque, aparte de que tendrían un problema en sus países, tendrían un problema acá porque se verían obligados a tributar dos veces al casi no tener Costa Rica convenios para evitar la doble imposición. Sería más sencillo entonces, que el inversionista se vaya a Panamá o Guatemala que aplican el esquema de renta territorial“, concluyó.

Priscilla Piedra dijo que si se optara por una posición extremista en el cambio de esquema podría darse una fuga de inversiones.

“Ese es un tema que se debería de contemplar en la Ley y, desgraciadamente, este proyecto de ley consiste en la reforma de tres artículos y así no se pasa de un sistema de renta territorial a uno de renta mundial. Todas esas reglas, como cuándo se paga, qué pago en un lugar y qué pago en otro, qué porcentaje voy a pagar, si voy a aplicar créditos fiscales, todas esas reglas se tiene que valorar e incluir en la Ley”, opinó.

Piedra agregó que el proyecto de Welmer Ramos es muy sencillo y técnicamente carece de una gran cantidad de elementos que podrían derivar en que, de aprobarse, no sea aplicable en la práctica.