Fuente: La República

¿Siente que su salario no le alcanza?, ¿cada vez son más las personas desempleadas que conoce o que trabajan para el sector informal?, ¿un billete de diez mil colones no le dura un día en el bolsillo?

Si usted respondió que sí a alguna de estas preguntas, no está solo; Costa Rica se ha convertido en un país caro y estamos pagando las consecuencias de ello.

Durante los últimos años, San José ha sido catalogada como una de las ciudades más caras de la región por diferentes estudios realizados por Expatistan, Numbeo, Mercer, UBS y The Economist Intelligence Unit.

El señalamiento negativo es respaldado por la realidad que viven los costarricenses.

Y es que un 58,7% de los ciudadanos considera que sus ingresos no son suficientes, además de reportar dificultades o grandes dificultades para financiar sus gastos, según la más reciente publicación del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica.

Por otra parte, un 60% de los hogares cuenta con al menos una deuda y paga unos ¢200 mil por ella, basado en los datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del 2018.

En temas de desempleo, las cifras fueron del 11,4% para el tercer trimestre. A esto se le suman bajas expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto y un leve crecimiento del índice de Actividad Económica del país.

Y es que vivir en un país caro incide directamente en el nivel de satisfacción de las necesidades; por tanto, en el bienestar de las familias, según los expertos.

“A muchas de las familias costarricenses, a pesar de contar con ingresos en promedio superiores a los ingresos promedio de las familias de otros países, no les alcanza para adquirir la misma o similar canasta de bienes y servicios”, dijo Pedro Morales, asesor económico de la Cámara de Industrias de Costa Rica.

En el campo empresarial, la situación no es muy diferente a la vivida en los hogares costarricenses, y es que además de los altos costos para vivir, Costa Rica también presenta costos elevados en temas de producción.

Salarios y cargas sociales relativamente altos, costos de la energía eléctrica poco competitivos y combustibles por encima del promedio regional afectan la inversión nacional y extranjera.

Es por ello que empresas como Volaris decidieron frenar su crecimiento en Costa Rica.

“En Costa Rica, la autoridad aeronáutica perdió la categoría país ante EE. UU., los aumentos de impuestos, el costo de combustible más alto de la región y ahora el planeado aumento de las tarifas del aeropuerto Juan Santamaría para 2020 que representa un incremento de costos de operación de Volaris de un 59%, hace inviable para cualquier aerolínea desarrollar la aviación como local”, dijo Enrique Beltranena, presidente y fundador de Volaris.

Anteriormente, la empresa Vicesa despidió a 254 personas por el costo eléctrico y trasladó sus operaciones a Guatemala.

En lo que llevamos del 2019, también Dole, Baxter, Calox y Chiquita tomaron decisiones para reducir operaciones o irse del país.

A pesar de que la variable costo siempre es de sumo interés a la hora de que una empresa se instale en el extranjero, Costa Rica y la productividad de su talento humano costarricense le ha permitido ser muy superior, según destaca la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde).

“Contamos con una trayectoria comprobada, talento humano altamente calificado, localización estratégica, un excelente clima de negocios, infraestructura y calidad de vida, esto ha permitido catalogar a nuestro país como uno de los destinos de inversión más competitivos del mundo”, recalca Jorge Sequeira, director general de Cinde.