Fuente: CR Hoy

(CRHoy.com) Si todas las cosas salen según lo ha planeado por el gobierno y si se logran obtener los rendimientos fiscales propuestos en el compromiso firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda del gobierno central empezaría a bajar a partir de 2022, cuando se estima que alcance un techo del 74% del Producto Interno Bruto (PIB).

Sin embargo, no todo depende del acuerdo con el FMI. La situación es tan delicada que si se llegan a aplicar nuevas restricciones vigorosas por la pandemia y estas generan un shock económico de apenas tres puntos porcentuales, la deuda del gobierno central ya no bajaría según lo estimado. Así, aún y cuando se cumplan los acuerdos con el Fondo, el endeudamiento cerraría en 6 puntos arriba de lo previsto para el 2026.

Este es uno de los escenarios que plantea el Marco Fiscal de mediano plazo calculado por el Ministerio de Hacienda, en el cual se analizan cuáles podrían ser las situaciones más sensibles para la deuda del gobierno central.

Estas involucran qué pasaría si hay un shock económico, un shock con las tasas de interés o una subida abrupta en el tipo de cambio.

Shock económico

Para dar un golpe que verdaderamente se sienta en el endeudamiento público hay dos vías: la primera de ellas reduciendo el déficit (gastando menos de lo que ingresa o recaudando más) o bien generando un aumento mucho más vigoroso en la economía.

El gobierno parece haber apostado por la primera vía, dando un especial énfasis a una mayor recaudación, pues según economistas el crecimiento económico apenas será inercial, con muy pocos estímulos para hacer crecer el indicador más allá de lo estimado.

Según las proyecciones del Banco Central, este 2021 el país crecerá un 3,9% y en 2022 lo hará en aproximadamente un 3,6%. En 2019 debido a las restricciones de la pandemia, la economía había caído a un -4,5%.

Esto quiere decir, que si el crecimiento del país es menor al proyectado por el Central o si se producen nuevos cierres sanitarios que lleven a la economía a crecer menos de un 1%, para 2026 el endeudamiento no cerrará en el 68,4% del PIB previsto, sino en un 74,3%.

“Esta disminución incrementa el ratio deuda a PIB por dos vías: una tiene que ver con la disminución de la producción que afecta directamente el ratio deuda a PIB y el otro efecto es indirecto y tiene que ver con la disminución de los impuestos que se pueden recaudar y que generan mayores necesidades de financiamiento, lo que repercute en las colocaciones de deuda y por ende en el saldo de la deuda. El efecto de la disminución de la producción para este ejercicio determinístico no considera los efectos o elasticidades que un cambio en la producción puede tener sobre otras variables tales como tasas de interés, tipo de cambio, entre otras”, advirtió Hacienda.

Shock tasas

Uno de los aspectos que mejor ha jugado en favor del gobierno este año ha sido la baja constante en el costo del financiamiento, gracias a una reducción paulatina en las tasas de interés.

Esto es algo que se ha percibido tanto para el endeudamiento externo como interno.

En el primer caso el spread (diferencia entre los intereses de la deuda costarricenses respecto a los bonos del tesoro de Estados Unidos) se ha reducido cerca de 300 puntos base desde octubre del año pasado a agosto. Esto hace la adquisición de bonos ticos un poco “menos costosos”.

A nivel local repercute también en menor presión sobre las tasas de deuda interna en donde la curva ha bajado entre dos y tres puntos porcentuales desde finales de 2019.

Sin embargo, según el Ministerio de Hacienda, un cambio negativo de solo un 1% en las tasas de interés tendrá un golpe directo sobre el costo de la nueva deuda que para 2026 significaría elevar el nivel a un 71,3% del PIB.

En este apartado se proyecta que el periodo de tasas bajas se revierta el próximo año o a más tardar inicios de 2023, dependiendo del momento en que Estados Unidos decida finalizar su proceso de estímulo a la economía y la Reserva Federal  aplique los ajustes en sus tasas locales.

Shock tipo de cambio

El valor de la moneda costarricense se ha venido depreciando de manera constante e ininterrumpida desde mediados del año pasado.

Este 2021 la variación ha sido cercana al 1,84%; sin embargo, si hubiese un choque negativo fuerte de al menos 5 puntos porcentuales en 2022 y un aumento adicional del 2% para el resto del periodo, el shock en el endeudamiento sería de casi 5 puntos.

Para compararlo: un golpe de 5 puntos en el tipo de cambio equivale a un poco menos al fuerte golpe que recibió el colón el año pasado, cuando la moneda se terminó devaluando un 7,5% todo el año producto de la pandemia.

Este año ha estado un poco más contenido, si bien la tendencia es creciente.

De acuerdo con Hacienda las obligaciones denominadas en moneda extranjera representan 40% del total de la deuda.

Este peso relativo implica que los movimientos del tipo de cambio tienen un efecto significativo sobre la deuda.

Si aumenta el tipo de cambio se incrementan las necesidades de financiamiento para los siguientes periodos lo que desplaza la curva de deuda a PIB hacia arriba, este efecto de tipo de cambio es mayor que el efecto de las tasas de interés, pero menor que el efecto que se presenta con una contracción de la producción.