Fuente: Editorial El Financiero

En Costa Rica ocurre un fenómeno que antes no ocurría: lo ilógico ya no sorprende, y, lo que es peor, lo inexplicable es aceptado con naturalidad.

¿Cómo se explica que dos ofertas para hacer lo mismo tengan precios tan diferentes como los presentados para desarrollar un sistema de factura electrónica por la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) y Radiográfica Costarricense S.A. (Racsa)?

¿Es posible que ese absurdo simplemente sea parte de un burdo proceso para escamotear un jugoso contrato a la competencia de empresas privadas? ¿Cuales son los atestados de ambas empresas como desarrolladoras de software?

El artículo en Elfinancierocr.com reseña “... La   Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) le ganó el contrato de factura electrónica a Radiográfica Costarricense S.A. (Racsa), otorgado por el   Ministerio de Hacienda mediante una contratación entre entes públicos y sin recurrir a ninguna licitación o contrato que habría necesitado el refrendo de la Contraloría General de la República (CGR).”

La ESPH ahora deberá contratar una empresa especializada en software para desarrollar el sistema, y el nombre de esa empresa “... no fue dado a conocer pues se alegó que hay una cláusula de confidencialidad.”

Quizás lo kafkiano del sistema de contrataciones públicas de Costa Rica impulse a las autoridades que quieren hacer obra a eludirlo a como sea necesario.  Quizás así el necesario sistema de factura electrónica se concrete en tiempo, forma y costos adecuados.

Ojalá sea así, pero aun esperando ese noble fin, no se justifican los medios, que en la práctica debilitan la libre competencia entre empresas que debe existir en una economía que se dice liberal.