Fuente: Semanario Universidad

El Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE), de la UCR, enviará una propuesta al Poder Ejecutivo para reducir el Impuesto al Valor Agregado (IVA), del 13% al 11% y ampliar los tramos del Impuesto sobre la Renta, una fórmula que contribuiría, a la vez, a aumentar la recaudación tributaria de cara a la emergencia sanitaria por la Covid-19 y a distribuir de un modo más justo las cargas económicas de la crisis.

José Antonio Cordero, director del IICE, explicó que se busca “progresividad en el pago de impuestos, con un menor impacto en grupos de hogares de menores ingresos, a la vez que incrementamos la recaudación tributaria y mantenemos la demanda agregada, el gasto agregado en la economía”, durante el “Foro Alternativas Tributarias Post-Pandemia”, organizado por la Oficina de Divulgación de la UCR.

Cordero resaltó, además, que la propuesta del IICE genera la mitad de los ingresos que produciría la iniciativa de reducir las jornadas del sector público y “bajaría el pago del IVA a toda la población, pero especialmente a quienes más dificultades tienen”.

Por su parte, Rudolf Lücke, investigador de la entidad, explicó que la propuesta consiste, por el lado del IVA, en bajar la tasa del 13% al 11% y simultáneamente reducir la cantidad de productos de la Canasta Básica Tributaria (CBT), quitando de ella –y, por tanto, gravando con la nueva tarifa del IVA- aquellos que hoy día sí forman parte de esta, pero que no son consumidos por los hogares de menores ingresos.

Explicó que, en el IICE, se plantearon cómo reducir el impuesto a los hogares de menores ingresos -los ubicados en los deciles o grupos 1, 2 y 3, si se dividen todos los hogares del país según el monto de sus ingresos- y a la vez aumentar recaudación, de modo que el Ministerio de Hacienda pudiera contar con mayores recursos para enfrentar la crisis.

Encontraron que el ingreso disponible de los hogares del decil 1 –los más pobres- mejora si se reduce en más de la mitad la cantidad de productos exonerados de la CBT eliminando de ella los que no son consumidos por los tres primeros deciles y si, al mismo tiempo, se exoneran del IVA -incluyéndolos en esta canasta- tres servicios que actualmente sí pagan impuestos y a los cuales los hogares de menores recursos destinan una gran parte de su gasto: Internet, celular postpago y prepago; los servicios de doble play; y los servicios de corte de cabello.

“Estos tres rubros representan un gasto importantísimo de los hogares de menores ingresos. Al estar gravados hoy, generan un efecto muy negativo sobre los ingresos de estos sectores. Por eso, incluirlos dentro de la CBT y retirar los otros productos que son consumidos por los hogares de mayores ingresos, mejoraría bastante el ahorro o ingreso disponible para los hogares de menores ingresos”, enfatizó.

Para lograr todos los efectos de modo simultáneo, la rebaja del IVA a un 11% tendría que ir acompañada también de que la educación privada y los boletos aéreos sí paguen ese nuevo monto del IVA.

Bajar la tasa de este impuesto al 11% generaría un incremento sustancial en la recaudación sin afectar a quienes reciben menores ingresos, pues la reducción del déficit sería de 0,17% del Producto Interno Bruto (PIB), porque se recaudarían entre ¢52 mil millones y ¢58 mil millones adicionales.

“No es un monto despreciable. Es la mitad de lo que se espera con el proyecto de reducir la jornada laboral del sector público”, dijo Lücke.

En cuanto al Impuesto a la Renta, el investigador explicó que si se gravan con una tasa entre 30% y 35% los salarios que superan los ¢5 millones 500 mil, se generaría una recaudación adicional del 0,25% del PIB.

Actualmente, incluso con las reformas que introdujo la Ley para el Fortalecimiento de las Finanzas Públicas –conocida como “reforma fiscal”- a partir de un ingreso de ¢3 millones 244 mil, la tasa del Impuesto sobre la Renta se mantiene en 25%, independientemente de que la persona física gane ¢30 millones o ¢40 millones, agregó.

Si se ampliaran los tramos de cobro del Impuesto sobre la Renta como lo propone el IICE, la recaudación aumentaría en ¢19. 500 millones y la reducción del déficit fiscal “superaría el 0,20% del PIB”, agregó.

Por su parte, Juan Robalino, subdirector del IICE, explicó que las modelaciones las realizaron con insumos como el indicador de movilidad de Google, que permite saber el comportamiento actual de la población. Esto es, compararon cuánto sale ahora hacia lugares de consumo y cuánto lo hacía previamente a la pandemia y combinaron esta información con la matriz insumo-producto.

Encontraron que, en la semana del 20 de junio, cuando los casos de contagios con el COVID-19 subieron a entre 300 y 500 diarios, “comenzó a verse la tendencia de la gente a reducir su movilidad, a quedarse en casa”.

“No se puede hablar de reactivación económica sin resolver el problema sanitario. La gente se está quedando en la casa”, resaltó.

Si el IICE proyectó en mayo que la contracción económica sería de entre 4% y 5,5% del PIB y la subieron a cerca del 5,9% del PIB a finales de julio y principios de agosto, “podríamos esperar una caída de entre 6% y 7% del PIB”, dijo.

Además, a partir de la última Encuesta Continua de Empleo, del INEC, divulgada hace dos semanas, entre las personas desempleadas y las subempleadas hay 600 mil personas trabajadoras afectadas en sus ingresos.

“Cuando modelamos la pobreza con el escenario de Google, la pobreza llegaría al 22%, si además tomamos en cuenta el aumento en el subempleo, eso puede crecer. Sin embargo, no tomamos en cuenta el Bono Proteger que, bien focalizado, puede tener un efecto de bajar la pobreza en 3 puntos porcentuales (p.p.) o en 4 p. p. Esperamos que cuando INEC saque la próxima Encuesta de Hogares, la pobreza sea de entre 26% o 27%. Si esto ocurre, son niveles que no vemos desde principios de los años 80. Esto generará problemas en todos los sectores”, dijo.

“Tenemos que ser inteligentes y tratar de afectar la economía de la menor manera y que los efectos sean progresivos. Poner impuestos en mercados que ya están muy cargados, no es lo mejor. Hay que ponerlos donde las tasas impositivas no son tan grandes”, añadió.

Finalmente, Cordero llamó a actuar dado el agravamiento de la situación fiscal.

“Antes de la pandemia se pronosticaba un déficit fiscal de 6%, en abril, el Ministerio Hacienda dijo que el déficit alcanzaría más del 8% para fines del 2020 y, en junio, anunció que el 2020 cerraría en 8,61% del PIB. Y la relación deuda a PIB va aumentando y ya supera el 70%, según Hacienda”, concluyó.

Por otro lado, el deterioro de la situación económica y fiscal para hacerle frente a la pandemia fue conocido la semana pasada al darse a conocer tanto el Índice Mensual de la Actividad Económica como las nuevas cifras fiscales, por el Banco Central de Costa Rica y Ministerio de Hacienda, respectivamente.

También el IICE informó, la semana pasada, los nuevos resultados de su “Encuesta de Expectativas Empresariales” para el III Trimestre del presente año (julio, agosto y setiembre), según los cuales el mayor deterioro se da en los sectores de servicios, manufactura y comercio, mientras que el sector agropecuario es el que menor deterioro muestra.

La Encuesta reveló que, en términos generales, el optimismo del empresariado continúa en deterioro, ya que disminuye en 5 p.p. respecto del trimestre anterior.

El estudio que tomó la opinión de 389 empresas que respondieron preguntas en relación con sus expectativas de empleo, ventas, utilidades, inversión y tipo de cambio, se llevó a cabo entre el 18 de mayo y el 12 de junio pasados y es realizada periódicamente por el IICE.

A propósito, consultamos algunos aspectos de estos resultados a la estadística Gabriela González, coordinadora de la encuesta y al economista independiente, Carlos Solórzano, sobre el comportamiento del dólar en el contexto del deterioro de las finanzas públicas.

Gabriela González, investigadora del IICE
“Es un contexto muy dinámico y cambiante”
Gabriela González, coordinadora de la encuesta.

¿Cuáles son las diferencias más destacadas entre los resultados del II y del III trimestre de la Encuesta?

—A nivel global por sector económico, los resultados muestran que los sectores manufactura y comercio pasaron del terreno optimista al pesimista en tres meses.

En cuanto a la expectativa en empleo, son muy similares al trimestre anterior, solamente entre un 5% y un 11% de los empresarios espera aumentar su contratación de trabajadores en el tercer trimestre del 2020 y el segundo trimestre las posibilidades de contratación de nuevos empleados se ubicaron entre 6% y 17% en los distintos sectores.

En cuanto a las expectativas en producción, utilidades y competitividad, se ven debilitadas en todos los sectores si se compara el periodo de abril a junio.

¿Qué explica que el sector agropecuario no sea de los más afectados por las consecuencias económicas de la pandemia?

—En el caso de las empresas dedicadas a las actividades agropecuarias, desde el IV trimestre del año 2018 presentan expectativas menos optimistas, ya que se colocan en un nivel inferior a los 50 puntos porcentuales (terreno pesimista). Sin embargo, al comparar con tres meses atrás, es el sector que menos disminuye. Los empresarios de este sector indican que han mantenido su cartera de clientes por años, tanto a nivel local como externo, por lo que las cosechas serán vendidas durante este periodo.

Hay que tener presente que los resultados del índice reflejan las expectativas para este tercer trimestre y toman en cuenta varios factores; por lo tanto, no se está midiendo la afectación por COVID-19 solamente.

¿Puede estimar cuáles serían los sectores económicos que se reactivarán más rápidamente con una mejor calibración de las medidas de apertura y cierre en la contención del contagio por parte del Ministerio de Salud y, en perspectiva, tras la superación de la pandemia de COVID-19?

—Esto aún no es posible medirlo con la encuesta del tercer trimestre, las empresas están desarrollando sus actividades bajo un contexto muy dinámico y cambiante. Conforme se tengan más mediciones de las expectativas empresariales en los próximos trimestres, quizás se pueda tener más claridad de cuáles serán los sectores económicos que se van reactivando.

¿Cuáles son los factores de incertidumbre empresarial que existían antes de la pandemia de COVID-19 y que, por tanto, podrían persistir una vez superada la pandemia?

—Los resultados de la encuesta deben interpretarse bajo el contexto de un entorno pesimista que se ha venido presentando en los últimos cuatro trimestres debido a factores como el desempleo, la pérdida en la capacidad de compra de las personas, la incertidumbre ante el panorama económico, lo que ha impedido a los empresarios realizar nuevas inversiones.

Ahora se suman los efectos de la pandemia del coronavirus, la cual originó una crisis de salud mundial que afectó y continúa afectando también la economía del país.

Todos estos factores podrían persistir una vez que se supere la pandemia, con el inconveniente de que se tendrá un contexto global con mayores dificultades.

Carlos Solórzano, economista independiente
“Si no hubiese acuerdo con el FMI, no entrará dinero externo”
Carlos Solórzano, economista independiente. (Foto: Katya Alvarado).

¿Por qué está subiendo el tipo de cambio y cuál es la perspectiva?

—Los ingresos por turismo son nulos, no hay inversión extranjera y el ingreso de dólares de colores está muy bajo. No hay casi exportaciones. La gente prevé que el tipo de cambio debe subir y se está adelantando a la profecía. Si no se firma y aprueba el acuerdo Stand By con el Fondo Monetario Internacional (FMI), esto va a ser un verdadero caos.

¿Cómo se daría esa crisis?

—Si no hubiese acuerdo con el FMI, no entrará dinero externo, las fuentes multilaterales se cerrarían y las fuentes privadas se dedicarían a cobrar tasas argentinas.

Al no haber ingresos de inversión ni de turismo, el tipo de cambio se dispararía y el país quedaría imposibilitado de hacer frente a su deuda externa por lo que se vería obligado a entrar en default.

El déficit fiscal se dispararía también por los altos costos de la deuda.