Fuente: Semanario Universidad

La billetera del Gobierno Central está registrando uno de sus mejores balances en los últimos 15 años: se registra el mayor crecimiento en los ingresos por impuestos, acompañado de una reducción de los gastos (exceptuando el pago de la deuda pública). Se trata de una coyuntura favorable que da un respiro, pero no se aprovecha como se debería, según la opinión de economistas consultados.

Primero, se debe considerar que las comparaciones con colones corrientes no tienen sentido, el economista Leiner Vargas advierte que la inflación de los últimos meses no permite una discusión con esos datos, por lo que es preferible realizar la revisión de las cifras a partir de lo que representan del Producto Interno Bruto (PIB).

Esos datos muestran indicadores de que las finanzas del Gobierno muestran signos de recuperación: las cifras preliminares del Ministerio de Hacienda en setiembre indicaron que los ingresos tributarios, ₡4,6 billones, representaron un 10,3% del Producto Interno Bruto (PIB) (ver gráfico). Fue un crecimiento de un 15,9% con respecto a la cifra alcanzada el año anterior.

Este comportamiento ayudó a que los ingresos totales fueran también los más altos en un período similar, al superar un 12% del PIB. Esto se complementó con una reducción en los gastos (sin considerar el pago de intereses de la deuda), que pasaron de 11,8% del PIB en el 2020, el mayor nivel en los últimos 17 años, a un 10% en el 2022, su menor dimensión desde el 2009.

¿Cómo deja eso la billetera del Gobierno? Si se considera el balance primario (restar gastos a ingresos, sin considerar todavía la deuda pública), el Gobierno logró consolidar un tímido crecimiento que se presentó en el 2021 y que marcaba el fin de doce años con cifras en rojo; es decir, se gastaba más de lo que ingresaba. Al corte del setiembre, la cifra a favor de las cuentas oficiales era de un billón de colones.

Sin embargo, se debe recordar que, al final, hay que pagar las deudas. El balance final, que incluye el pago de intereses de deuda, deja al Gobierno todavía en rojo, aunque con el mejor resultado desde el 2008 (ver gráfico).

Para el economista y exviceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, todo eso es una clara evidencia de que los problemas financieros no se encuentran en el lado del ingreso, ni en el gasto, antes de considerar el pago de la deuda. “Creo que este gobierno se beneficia del efecto completo de la reforma tributaria del 2018 y en gasto se han presentado recortes incluso más allá de lo razonable, pero lo que aprieta el zapato es el pago de los intereses de la deuda, donde la política ha sido omisa”, dijo.

De hecho, los intereses de la deuda pública (que van por los dos billones de colones) han aumentado su peso en este período de 15 años, al pasar de 2 a 4 puntos del PIB (ver gráfico). Son el ancla que hunde el desempeño del resto de la economía costarricense.

Una mejoría, pero limitada

No se trata de tirar las campanas al vuelo. Vargas advierte que, antes que pensar en una notable mejoría en la eficiencia recaudatoria, se debe recordar que el país fue golpeado por la crisis del coronavirus y las cifras podrían sugerir que se está regresando a “la normalidad” de antes del COVID-19.

“Yo diría que empezamos a ver la recuperación de sectores como turismo, comercio y servicios”, dijo, además de resaltar que la referencia del PIB había bajado por la crisis, por lo que era esperable aumentos considerables para recuperar el paso anterior. En ese sentido, Vargas advierte que contra un posible “alegrón de burro”, en el caso de esperar que el comportamiento de estos ingresos se mantenga igual.

Empero, el impulso no viene dado por los ajustes en el Impuesto de Valor Agregado (IVA), como se podrá suponer. “Se esperaba un movimiento más acelerado al alza del IVA, pero lo que se aprecia es una recaudación sólida de la renta y una mejora en la recaudación de aduanas, esto le está dando aire al Gobierno”, comentó Rodríguez.

Las cifras de setiembre muestran que el crecimiento del IVA era solo de un 6%, pero el impuesto de renta mostraba un aumento de un 19%. En este rubro, destacó el desempeño de la renta a las empresas (personas jurídicas), con un 27%.

Adicionalmente, se debe considerar que en esta materia pueden presentarse situaciones que limitan la maniobrabilidad de las autoridades. El Director del Posgrado de Administración Pública y coordinador de la carrera de Administración Pública en la Universidad de Costa Rica, Víctor Garro, recordó que varios de los tributos tienen destino específico. “Hay que analizar las diferentes fuentes de ingresos. No todos los impuestos van para Hacienda, lo que se debe considerar son los compromisos existentes”, dijo.

Garro también recordó las restricciones que se generaron a partir de la regla fiscal, que limita los recursos que pueden utilizar las instituciones, así como la rigidez presupuestaria. “Cerca de un 93% del presupuesto nace comprometido”, recordó.

Oportunidad que se puede perder

Los economistas coinciden en que este comportamiento de las cifras representa un respiro para el Gobierno, al darle un mejor panorama. Sin embargo, consideran que hay acciones que se requieren para no quedarse en una situación temporal y aprovechar para impulsar cambios estructurales.

“Esto genera un colchón, pero puede ser desperdiciado si no se gestiona bien la deuda. Un gobierno competente aprovecharía la oportunidad, pero siento que el actual es populista y neoliberal, y si no tiene una agenda social clara, se perderá lamentablemente. Vea que ya se presentó y aprobó el presupuesto para el 2023, ¿y dónde está el plan nacional de desarrollo que lo sustente?”, expresó Vargas.

Para Garro, hay que considerar que se tiene un problema estructural en la medida que se está generando una mayor concentración de la riqueza y se deteriora la distribución del ingreso, lo que aumenta la pobreza. Advierte que el crecimiento de la producción, superior a la demanda de empleo, evidencia que hay temas que se deben atender.

Por su parte Rodríguez resaltó que el debate nacional debería enfocarse en el verdadero problema, que no es el ingreso, ni el gasto corriente, sino el peso de la deuda pública. “Es un tema que no se ha enfrentado. ¿Por qué colocar deuda pública en este país es tan caro? ¿Por qué tenemos el país con la deuda pública más cara del mundo? Hay un proyecto para otorgar más competencias en el manejo de la deuda que debería ser analizado, pero no está en las prioridades”, resaltó.

En esto, Rodríguez coincide con Garro, quien considera que se deben buscar acciones para enfrentar el problema de la deuda pública. Y también comparten la inquietud de alertar contra medidas que no resuelven el problema de fondo, como la propuesta de vender el Banco de Costa Rica. “Es claramente insuficiente, eso solo produciría un efecto limitado, una vez, y eso sin considerar los posibles efectos negativos de la medida. Se requieren soluciones sostenidas, como dar más competencias en el mercado de la deuda”, insistió Rodríguez.