Fuente: El Mundo

La subida de los impuestos anunciada la semana pasada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha sido acogida con recelo por los principales afectados: las empresas fabricantes de tabaco, las de alcohol y las de bebidas azucaradas. El sector del gran consumo y el de la hostelería advierten que las subidas anunciadas pueden dañar el consumo, justo en el momento en el que había logrado repuntar tras años de crisis.

En el caso del alcohol, creen que un alza en los precios favorecerá el contrabando y el consumo fuera de los bares y hará que caiga la recaudación fiscal, como ya ocurrió en 2013 cuando se elevó el impuesto a las bebidas espirituosas.
El tabaco: alza esperada

Es el único de los afectados que ha asumido la subida como algo inevitable, pues estos impuestos no se tocan desde junio de 2013. La subida es de un 2,5% en el caso de los cigarrillos y del 6,8% en la picadura para liar.

Fuentes del sector señalan que el incremento «ha sido moderado», pues «se ha actualizado el mínimo en 10 años. Esto se va a traducir en una subida de diez céntimos en la mayoría de los casos, así que no debería afectar apenas al consumidor», explican.

De todas las alzas anunciadas es la que más rápido se ha hecho efectiva. El tabaco ya es, de hecho, un poco más caro. Japan Tobacoo International, el fabricante de Winston, anunció ayer un incremento en el precio de sus cajetillas en una media de 20 céntimos, dependiendo de la marca.

Desde British American Tobacco valoran la subida de impuestos como moderada, algo «clave para no incentivar el tráfico ilícito, que acaba drenando la recaudación». Opinan que el alza de la tasa de picadura también «es adecuada en relación con la subida en cigarrillos, manteniéndose la proporción del impuesto mínimo de picadura como el 75% del de cigarros».

En Altadis declaran que este incremento era algo que podía ocurrir después de tres años sin modificación. «Altadis siempre ha defendido subidas moderadas de impuestos que no favorezcan el aumento del contrabando de tabaco», dicen.

Respecto al traslado al precio de las cajetillas, entrarán en un fase de análisis del nuevo escenario en el mercado para «adoptar la decisión oportuna, cuando corresponda», de acuerdo a su estrategia de precios.
Alcohol: más ‘botellón’

Al contrario que el tabaco, las empresas de bebidas alcohólicas han recogido con más acritud el anuncio de la subida del impuesto especial que las grava.

El sector (integrado, entre otros, por Cerveceros de España y la Federación Española del Vino) advierte que un incremento en el precio que paga el consumidor podría hacer caer la recaudación, como ya ocurrió en 2013 cuando se subió el impuesto sobre las bebidas espirituosas (no afectó al vino y la cerveza).

Estas alzas «acabarán trasladándose al consumidor y podría afectar a la hostelería y el turismo, motores de la economía», advierten. Se calcula que el 40% de lo que cuesta una bebida alcohólica ya son impuestos.

La Federación Española de Bebidas Espirituosas (Febe) recuerda que en 2013, tras la subida que afectó a este segmento, se perdieron 86 millones en impuestos.

«Desde el año 2005 los tipos se han incrementado en un 22% y la recaudación está por debajo de la del año 2000», alertan. Las espirituosas sólo representan el 6% de los litros de bebidas alcohólicas consumidas y, sin embargo, recaudan más del 75% del total.
‘Pagarán’ los bares

Fuentes del sector señalan que todas estas subidas, al final, provocarán un aumento del llamado botellón y favorecerán el consumo fuera del canal de la hostelería, «que es el que más recauda». Así, según temen, se beberá más en la calle, y más barato, que en los bares.

«El aumento de precio que genera una subida de impuestos hace que el consumo se desvíe hacia otros canales de menor valor añadido, que son los que menos retorno fiscal generan o, en el peor de los casos, hacia canales de consumo menos transparentes», explican estas fuentes.
Incertidumbre en los refrescos

Sobre la tasa que gravaría las bebidas azucaradas hay más incertidumbre, pues aún no se conoce el porcentaje (la Organización Mundial de la Salud recomienda que sea del 20%) ni a qué tipo de bebidas afectaría. Fuentes del sector creen que, de aprobarse, «debería incluir a todas las bebidas azucaradas, incluidos los néctares o aguas con sabor, y no sólo los refrescos».

«Sería más apropiado un impuesto más bajo que afectara a más productos azucarados para que el impacto en el precio al consumidor sea menor», explican.

La Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra) defiende que en los últimos 10 años se ha reducido la presencia de azúcar en este tipo de bebidas un 23% y creen que una tasa especial «perjudicaría la recuperación del consumo».

Aún no se ha concretado si este impuesto seguirá el modelo del presentado por el gobierno catalán (que grava con ocho céntimos por litro las bebidas con entre cinco y ocho gramos por 100 mililitros y con 12 céntimos las de mayor contenido de azúcar) o si será diferente. «Si el argumento es luchar contra la obesidad, ¿por qué no se aplica a todos los productos que tienen azúcar?», protestan fuentes del sector.

Los fabricantes defienden los esfuerzos que están haciendo en los últimos años por reducir el contenido de azúcar de estas bebidas.En el caso de Coca Cola, por ejemplo, el 40% del consumo lo acaparan sus productos light o zero calorías, frente al 60% de la Coca Cola regular o clásica.

Francia yReino Unido ya cuentan con sendos impuestos sobre las bebidas azucaradas.Londres ha dado dos años a las empresas para adaptarse al nuevo marco y París ya aprobó en 2012 la llamada «tasa soda».