Fuente: El Comercio

El Gobierno ha tanteado a Podemos para conocer su opinión sobre la posibilidad de incluir en los presupuestos de 2016 impuestos medioambientales, tal y como reclama IU. La fiscalidad es uno de los asuntos más relevantes de la negociación y el Ejecutivo explora las opciones de entendimiento, sabedor de que la aprobación de las cuentas del próximo ejercicio depende de un acuerdo, bajo el formato que sea, con las dos organizaciones de la izquierda asturiana. La formación morada es escéptica en relación con los tributos ‘verdes’ al entender que la fiscalidad es una cuestión a abordar desde un enfoque más amplio y no a través de medidas puntuales. En las conversaciones entre los grupos, prácticamente aparcado el gravamen sobre las emisiones a la atmósfera, la discusión se centra en los impuestos sobre bolsas de plástico y residuos industriales, peligrosos y basuras, donde el gabinete de Javier Fernández muestra una actitud más receptiva.

La fiscalidad ‘verde’ es una de las apuestas más fuertes de IU en esta negociación presupuestaria, no tanto desde un punto de vista recaudatorio -en su momento se cifró en menos de 10 millones de euros los ingresos que se podrían obtener con las medidas propuestas- como ejemplarizante, en el sentido de trasladar el mensaje de la importancia que supone la defensa del medio ambiente y, en el caso de Asturias, del eslogan del ‘paraíso natural’. El Ejecutivo socialista recibe este planteamiento con desconfianza, tanto por la presión que supone el discurso del ‘infierno’ fiscal asturiano que esgrime la derecha como por el temor que le genera la imposición de nuevos impuestos a un sector como la industria, capital en la región y afectado por otros problemas como la tarifa eléctrica. Curiosamente, la apuesta del PSOE federal por este tipo de tributación es muy fuerte y así se recoge en el programa de gobierno con el que se pretende llegar a La Moncloa en las elecciones del 20 de diciembre.

El Gobierno se mueve a dos bandas en esta negociación. Con IU las conversaciones van más avanzadas. Los socialistas ya han mostrado su negativa a imponer un impuesto sobre las emisiones de la industria a la atmósfera, pero se muestran más receptivos ante los otros dos tributos planteados por la coalición: uno sobre las bolsas de plástico y otro sobre residuos industriales, peligrosos y basuras. En ese ámbito, admiten fuentes de la negociación, hay margen de maniobra. Y ahí se está trabajando, ya con el calendario perdiendo hojas a toda prisa.

A menor ritmo

Con Podemos, sin embargo, las conversaciones van a un ritmo mucho más modesto. Ha habido contactos, sí, pero puntuales. Los responsables del equipo presupuestario de la formación analizan a fondo el borrador remitido por la Consejería de Hacienda para, a partir de ahí, entrar en el detalle con los dirigentes socialistas. En materia fiscal, el partido tiene las ideas claras.

Y su filosofía general pasa por el impulso de una reforma fiscal amplia que no se quede en meros retoques puntuales. Una revisión de la actual estructura tributaria que, en el marco de las competencias de que dispone la administración asturiana, bien puede implicar un retoque al alza de tributos que gravan a colectivos especialmente privilegiados, y que conlleve una rebaja de la presión para aquellas capas más desfavorecidas de la sociedad. En este contexto, se analizan con escepticismo medidas como las ahora planteadas por IU en materia medioambiental, igual que se consideró en los mismos términos la rebaja del IRPF pactada entre PSOE y PP en el presupuesto de 2015.

Las espadas están en alto y la negociación gana cierto margen con la decisión del Ejecutivo de retrasar la aprobación del proyecto presupuestario y su presentación en la Junta General, prevista para hoy, al lunes. Aunque los contactos continuarán, a buen seguro, hasta el pleno final, si es que finalmente se llega a ese punto.