Fuente: EFE

La verdadera reforma fiscal se hará en 2017. La de ahora consiste sobre todo en una rebaja de impuestos para conseguir ganar las elecciones, explican fuentes conocedoras de los entresijos de los cambios tributarios. “Montoro tiene la firma intención de hacer una reforma en profundidad del sistema en 2017, cuando se hayan estabilizado las cuentas”, sostienen.

Lo de ahora es una rebaja de impuestos destinada a dar una alegría a los electores después de haber elevado tanto la presión fiscal. Sin embargo, entre algunos sectores del PP ha surgido la preocupación por si la reforma fiscal no es suficiente, máxime ahora que se ha conocido una letra pequeña que bien puede hacer naufragar la venta del recorte tributario. “Hay mucho resquemor en el PP por si la rebaja de impuestos no tiene el impacto suficiente entre los votantes”, reconocen.
Las alzas encubiertas

El diablo está en el detalle. Y ahora empiezan a conocerse las medidas que ha tenido que tomar Montoro para compensar las bajadas de tipos. Si antes la indemnización por despido sólo tributaba por todo lo que se pagaba más allá de los 33 o 45 días fijados en el contrato, ahora en cambio todas tributarán con una exención de 2.000 euros por año, el equivalente a unos 20.000 euros de salario. Y esta medida entrará en vigor a partir del pasado viernes para evitar que se multipliquen los despidos pactados antes del cierre del año.

Si un propietario alquila un piso, la renta obtenida se beneficia de una exención del 60 por ciento o del 100 si el inquilino es menor de 30 años. Sin embargo, en esta reforma se elimina la exención del cien por cien, y el 60 se baja hasta un 50. Como también se suprime la deducción del 10,5 por ciento que disfrutan los inquilinos menores de 24 años.

Y si antes los dividendos tenían una desgravación de 1.500 euros, en la próxima reforma no la tendrán y sufrirán la doble imposición de Sociedades e IRPF. Por no hablar de la reducción de 10.000 a 8.000 euros de la cantidad deducible por aportaciones a planes de pensiones, si bien ésta siempre se ha considerado por su importe una ayuda a las rentas más altas. O de cómo las rentas irregulares generadas en periodos superiores a 2 años pasan de una reducción del 40 por ciento a una del 30.

Tras limitarles el uso de los módulos, los propios autónomos han visto como se les pondrá coto a las deducciones de difícil justificación hasta un máximo de 2.000 euros.

Así las cosas, de poco sirve que se haya eliminado la penalización de las ganancias patrimoniales de menos de un año, ésas que se tildaban de pura especulación. O que la Hacienda Pública no se beneficie de las ganancias de una dación en pago y que los preferentistas puedan compensar sus pérdidas con sus ganancias patrimoniales logradas por otras actividades. El ruido sobre las alzas enturbia el mensaje que el Gabinete de Rajoy precisamente quería trasladar, por mucho que haya pospuesto ‘sine die’ un aumento de la presión fiscal verde o sobre la vivienda.

Rentas del trabajo versus mínimos exentos.

Y con todo, éstas no suponen ni de lejos la mayor subida de impuestos diseñada para neutralizar una parte del efecto del recorte de tipos. “El meollo está en la reducción de las rentas del trabajo y el juego de los mínimos”, afirma José Félix Sanz, director de Estudios Tributarios de Funcas.

El Ejecutivo defiende que ha subido mucho los mínimos exentos. Sin embargo, éstos se aplican como una deducción en cuota. Es decir, la subida del mínimo en unos 400 euros sólo se aplica al tipo mínimo del 20 por ciento y por lo tanto sólo se restarán unos 80 euros de la declaración final.

En cambio, el ajuste en las reducciones por las rentas del trabajo es sensiblemente mayor y supone una subida encubierta de impuestos para una gran parte de los trabajadores. Las rentas del trabajo por encima de los 13.260 euros tenían una reducción en la base de 2.625 euros. Pero en esta ocasión Hacienda le ha metido mano a esta reducción. Si bien es cierto que lo ha subido gradualmente para las rentas por debajo de 14.450 euros, para el resto ha recortado la reducción hasta los 2.000 euros con el fin de compensar la rebaja de tipos.

Esto es, Montoro ha subido en unos 600 euros la base imponible de las rentas del trabajo superiores a los 14.000 euros.

A grandes rasgos, al menos hay más de ocho millones de trabajadores por encima de esos 14.000 euros, que a razón de 600 euros por cabeza puede suponer un ahorro muy elevado para el Gobierno. Sobre todo cuando se tiene en cuenta que esos 600 euros se sustraen de la base imponible y por lo tanto se están quitando del tramo que va al tipo mayor. Por ejemplo, con una renta de 25.000 euros, esos 600 euros habrían ido al 31 por ciento y supondrían un recorte de unos 186 euros, una cantidad que ahora hay que pagar y que se antoja ciertamente superior a los 80 euros que se brindan gracias al repunte del mínimo exento para todos. Los mínimos sólo aumentan considerablemente para las familias numerosas, los ascendientes a cargo mayores de 65 y los discapacitados, cuyos mínimos sí que engordan considerablemente entre un 25 y un 30 por ciento.

Es más, éstos son los más beneficiados, porque además se les brindan por discapacitados o familia numerosa unas ayudas acumulables de 1.200 euros al año. Aunque eso sí, siempre que se cotice. Paradójicamente, si el matrimonio está en paro no se da la ayuda.