Fuente: Editorial periódico La Nación

El ministro de Hacienda, Helio Fallas, insistió ante la Comisión de Control de Gasto Público en la necesidad de aprobar el proyecto de ley del impuesto sobre el valor agregado (IVA) para poder recibir dos créditos externos por un total de $1.000 millones, el equivalente al monto del fallido crédito de China. ¿Deben los congresistas acceder a semejante petición? La respuesta es no, por las razones enunciadas a continuación.

Hemos defendido, en principio, la aprobación de proyectos como el IVA y la reforma al impuesto sobre la renta para llevar recursos frescos al fisco, pero sujeta a la aprobación de otros proyectos relacionados con el gasto, particularmente la modificación de las pensiones e ingresos de los servidores públicos y las denominadas “reglas fiscales” para evitar abusos futuros y dar sostenibilidad a las finanzas. El ministro de Hacienda pretende revertir las prioridades: primero impuestos, luego gastos. Los diputados deben mantenerse firmes.

Pero hay otras razones para rechazar la iniciativa. Es preciso solucionar íntegramente el problema fiscal para evitar recurrir al endeudamiento externo como fuente temporal de recursos, dados los efectos nocivos de ese proceder para la economía nacional.

El endeudamiento, en lugar de enfrentar el gasto como primera opción para reducir el déficit fiscal, simplemente lo financia. Así crecen indebidamente los saldos acumulados de la deuda pública interna (en colones) y externa (en moneda extranjera) y, desde luego, la deuda pública total.

La deuda interna bonificada del Gobierno Central ascendía a ¢8.827.482 millones en setiembre del año pasado. Seis meses después, al finalizar marzo del 2016 (no hay cifras disponibles a mayo pasado) ya había crecido a ¢9.462.372 millones ; es decir, en solo seis meses aumentó un 7% (anualizado rondaría el 14%), con una inflación negativa y una tasa de crecimiento del PIB apenas superior al 3% anual. Seguir endeudándonos en colones tendría serios inconvenientes pues presionaría las tasas de interés. Habría un impacto negativo en el crecimiento de la producción y el pago de intereses limitaría los gastos de inversión.

La deuda externa, por su parte, pasó de $19.501 millones en el segundo trimestre del 2014 a $22.541,9 millones en el cuarto trimestre del 2015 (datos disponibles), con un aumento del 14%. Entidades como el Fondo Monetario Internacional (FMI) han señalado los peligros del incremento en la deuda pública total que, como porcentaje del PIB, ya ronda el 50% y continuaría creciendo en ausencia de una reforma fiscal comprensiva. Eso, en sí, es otra razón para rechazar la petición del ministro de Hacienda. Pero, además de los motivos ya mencionados, que caen en el ámbito fiscal, hay otro de carácter monetario y cambiario que debe considerarse por sus efectos sobre las exportaciones.

Hace poco más de cuatro años, la Asamblea Legislativa aprobó una ley para permitir la emisión de los denominados eurobonos, por un monto de $4.000 millones, para ser colocados en tractos anuales de $1.000 millones cada uno. Se acudió a ese expediente por razones que, a la postre, no resultaron tan favorables: que las tasas de interés en el mercado internacional eran más bajas que las locales, aunque por el riesgo del país resultaron más elevadas, y porque el porcentaje de la deuda externa era relativamente bajo, sin representar mayores riesgos. Sin embargo, el riesgo de una devaluación no se ha podido –ni se puede– descartar, y tampoco el impacto en el mercado cambiario de la mayor oferta de divisas, que ha contribuido a apreciar la moneda nacional, en detrimento de las exportaciones.

En un mercado cambiario relativamente pequeño, como el nuestro, un incremento anual de esa magnitud en la oferta de divisas tiende a reflejarse en las cotizaciones. Aunque el Banco Central decidió incrementar su nivel de reservas adquiriendo directamente en el mercado un porcentaje de las divisas excedentarias, ya el saldo de reservas monetarias netas ha alcanzado un nivel más que suficiente, según el último informe del FMI. Si el Banco Central no puede –o no debe– adquirir más divisas sin poner en peligro la inflación interna por la emisión de colones asociada con la compra de reservas, lo procedente es no incrementar el endeudamiento externo y recortar el gasto público para dar paso a una reforma fiscal sostenible. El país no debe seguir endeudándose aquí o en el exterior. Es hora de enfrentar las causas directas del desequilibrio fiscal.