La noticia difundida por el Ministerio de Hacienda la semana pasada fue muy alentadora: los ingresos totales recaudados en los últimos 12 meses alcanzaron el mismo nivel registrado antes de la crisis (¢3,1 billones). ¿Cuáles son las razones explicativas de esta notable mejoría? Identificarlas bien es importante para esclarecer la sostenibilidad de la política fiscal.

La primera causa y quizás la más importante es la reactivación observada en la economía nacional, impulsada en buena medida por la mejoría en la economía internacional (con excepción de la producción en la Unión Europea). Las exportaciones costarricenses han seguido creciendo a una tasa aproximada de un 10%, lo cual reafirma la visión de desarrollo basada en la apertura y los tratados de libre comercio para ampliar el mercado nacional. La inversión extranjera directa también ha contribuido al crecimiento, según se detalla en las altas cifras registradas en el Programa Macroeconómico del Banco Central. Ambas –apertura e inversión extranjera– deben ser atendidas con esmero para preservar los efectos beneficiosos no solo en la recaudación fiscal, sino también en los salarios y fuentes de empleo.

El mercado interno también se ha recuperado prácticamente en todos los sectores productivos. Los servicios, bancos, comercio y turismo han crecido a tasas superiores al 7% anual en términos reales; la industria y agricultura al 6%, y hasta la construcción ha logrado en esta parte del año expandirse al 4% real, comparado con el mismo período del año anterior. Cuando todos los sectores se expanden en forma generalizada, florece la actividad empresarial y de consumo, las importaciones suben, las ventas se expanden, crecen las utilidades y, con ellas, el pago de impuestos de todo tipo, incluyendo renta, ventas y aranceles.

El viejo dicho de que el mejor ministro de Hacienda era una buena cosecha de café, deberá ahora ser sustituido por la reactivación de toda la producción nacional, incluyendo exportaciones. Y esta es la otra lección que debemos recuperar: el mejor aliado gubernamental desde el punto de vista fiscal es el sector productivo privado, y debe atenderse con igual esmero, aunque en algunos casos sea reacio a pagar lo que le corresponde y se las ingenie para ocultar o evadir ingresos, importaciones o transacciones comerciales. Y ahí, precisamente, yace el otro eslabón de la mejor recaudación: los esfuerzos institucionales, particularmente de la Dirección de Tributación, a cargo del Lic. Francisco Villalobos, deben continuar. La mejoría coincide con lo señalado por diversos estudios de la Contraloría General de la República en el sentido de que el potencial para aumentar la recaudación apenas se está empezando a aprovechar.

A la par de los esfuerzos y retos descritos, se avizoran otras avenidas para mejorar la recaudación. El proyecto de ley para permitir la colocación de $2.000 millones en bonos gubernamentales en el exterior, bajo trámite en la Asamblea Legislativa, es una buena oportunidad para captar recursos a tasas de interés y plazos de vencimiento mucho más favorables de lo que permite el mercado local, al igual que la iniciativa anunciada recientemente por Hacienda de colocar $500 millones en deuda soberana. Y nada mejor que apelar a una frase popular para transmitir el sentido de urgencia a los integrantes de la Asamblea Legislativa: hay que meterle candela.

En la misma vena son importantes los esfuerzos por reducir el déficit fiscal y el incremento de la deuda mediante la reducción de erogaciones. Esos esfuerzos hasta ahora han sido tímidos. La información recogida en este periódico el sábado pasado relativa a la directriz gubernamental para restringir a solamente un 4% el incremento del presupuesto de entidades sometidas a la Autoridad Presupuestaria es un paso en la dirección correcta. No conviene, desde ningún punto de vista, intentar la reducción del déficit y del crecimiento de la deuda pública únicamente por la vía del incremento de impuestos y los esfuerzos de ingeniería financiera necesarios para mejorar la colocación de deuda soberana. Contener el gasto es igualmente importante, sobre todo en vista de la experiencia acumulada.

Al final del Gobierno anterior, justamente en el año preelectoral, las erogaciones se dispararon aceleradamente, especialmente los gastos en la planilla del Estado, no solo en el Gobierno central, sino en la Caja Costarricense de Seguro Social, donde se incrementó irresponsablemente la burocracia en 10.000 personas, sin que ello redundara en mayor eficiencia en la prestación de servicios. Se sacrificaron, a la vez, gastos necesarios en inversión e infraestructura, en detrimento de la producción nacional. Para revertir la tendencia, hace falta un esfuerzo de reestructuración mucho mayor que la simple disminución de la tasa de crecimiento del gasto total. Por esa razón estamos convencidos de que, solo con una reforma estructural del Estado, se podrá lograr estabilidad en las finanzas públicas y mayor crecimiento en la producción nacional.


Fuente: Editorial Periódico La Nación.