Fuente: La Nación

Jutzpá es una palabra de origen hebreo que, a grandes rasgos, significa “desvergüenza”. En Tiquicia, el equivalente vendría a ser “cáscara” y es el término que me viene a la mente cuando veo a algunos comentaristas responsabilizar a los diputados Rosibel Ramos (PUSC) y Otto Guevara (ML) por supuestamente precipitar una crisis fiscal.

Quedemos claros: si Costa Rica se encuentra al borde de un grave remezón presupuestario no es por culpa de estos diputados de oposición, sino de los gobiernos del PLN que irresponsablemente dispararon el gasto público y transformaron un pequeño superávit fiscal de un 0,2% del PIB en el 2008 en un agujero de un -5,7% del PIB para el 2014.

Curiosamente, nunca he visto a estos mismos comentaristas señalar a esos años de despilfarro liberacionista como la génesis de la crisis que nos agobia.

Corresponsable también es la administración Solís que, habiendo heredado un país al borde de la bancarrota, acusó de “ideólogos” a quienes advertían de la precaria situación de las finanzas públicas, y en su primer año aumentó el gasto en casi un 10% en términos reales. Vale destacar que Ramos y Guevara se opusieron a los dos presupuestos dispendiosos que ha presentado este gobierno y que fue la bancada del PLN la que prestó los votos para que el último plan de gastos no sufriera mayores recortes.

Si bien es cierto que desde la Comisión de Hacendarios los diputados Ramos y Guevara han sido una piedra en el zapato para los planes fiscales de Zapote, su oposición está sustentada en una tesis sensata: no pueden aprobársele nuevos tributos al gobierno hasta tanto no dé señales inequívocas de austeridad e impulse primero la aprobación de reformas importantes en materia de gasto.

Esta tesitura es respaldada por la evidencia empírica de los últimos 30 años: cada vez que se aprobaron paquetes de impuestos, la situación fiscal del país rápidamente volvió a deteriorarse. De tal forma que lo de Ramos y Guevara no son posturas demagógicas, obstinación ideológica, ni simples deseos de ser “torpederos profesionales” de los acuerdos que necesita el país. Es la posición consecuente de dos diputados de oposición ante un Poder Ejecutivo que no ha dado muestra alguna de rectitud fiscal.

Acusar a Rosibel Ramos y a Otto Guevara de empujar al país a una crisis es como responsabilizar al doctor por la cirrosis del borracho que se negó a dejar de tomar y más bien quería que le prestaran plata para más tragos. Es todo un acto de jutzpá.